Mientras espero a que termine la primera semana del segundo cuatrimestre, os regalo este microrrelato que presenté a concurso hace un año. Y....¡Una canción!
La fotografía está hecha en el baño de mi casa. Me gusta porque se ve perfectamente como cada gotita ayuda a formar el chorro de agua que permite que me lave la cara, las manos, que me enjuague la boca, etc.
Cuando las cosas no salen bien, salen mal. Pero si no salen ni bien ni mal, mejor que no salgan. Esa era la actitud de Felipe en la vida.
No es de extrañar entonces si os cuento que, un día, María se lo encontró bajo las enagüillas de la mesa, a cuatro patas, buscando como un loco.
Pasó el tiempo y, como una azalea sin agua, fue dejando de comer, faltando a sus compromisos y muriéndose poco a poco mientras seguía sin encontrar lo que tanto ansiaba.
Su esposa, ya lo había entendido desde aquel mismo instante en el que estaba agachada, preguntándose cómo Felipe pudo perder la cabeza de tal forma hasta llegar a morirse.
Perdió la vida buscando lo que nunca encontró, lo que nunca existió. Aquello que solo existe como palabra: la perfección.

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