Imagine, por un momento, que está volando entre Nueva York y San Francisco. El vuelo ha sido muy tranquilo pero, al aproximarse a las montañas Rocosas, se escucha la voz del piloto advirtiendo: «Señoras y caballeros, estamos a punto de atravesar una zona de turbulencia atmosférica. Les rogamos que regresen a sus asientos y se abrochen los cinturones». Luego el avión entra en la turbulencia y se ve sacudido de arriba a abajo y de un lado al otro como una pelota de playa a merced de las olas.
¿Qué es lo que usted haría en esa situación? ¿Es el tipo de persona que se desconectaría de todo y seguiría ensimismado en un libro, una revista o la película que en aquel momento estuviera proyectándose, o acaso echaría mano rápidamente a la hoja de instrucciones a seguir en caso de emergencia, escudriñaría el rostro de las azafatas y los auxiliares de vuelo en busca de algún signo de pánico o prestaría atención al sonido de los motores tratando de advertir en ellos algún sonido alarmante'?
El tipo de respuesta natural que tengamos ante esta situación refleja la actitud de nuestra atención ante el estrés. En realidad, esta misma escena forma parte de una de las pruebas de un test desarrollado por Suzanne Miller, una psicóloga de la Temple University, para determinar si, en una situación angustiante, la persona tiende a centrar minuciosamente su atención en todos los detalles de la situación o si, por el contrario, afronta esos momentos de ansiedad tratando de distraerse. Porque el hecho es que estas dos actitudes atencionales hacia el peligro tienen consecuencias muy diferentes en la forma en que la gente experimenta sus propias reacciones emocionales. Quienes atienden a los detalles, por este mismo motivo tienden a amplificar inconscientemente la magnitud de sus propias reacciones (especialmente en el caso de que su atención esté despojada de la ecuanimidad que proporciona la conciencia de uno mismo) con el resultado de que sus emociones parecen más intensas. Quienes, por el contrario, se desconectan y se distraen, perciben menos sus propias reacciones, y así no sólo minimizan sino que también disminuyen la intensidad de su respuesta emocional.
Quería empezar este post con el fragmento que os acabo de escribir pues, es un libro que me estoy leyendo poquito a poco. el título es Inteligencia Emocional de Daniel Goleman.
Me sorprendí de mi manera de pensar al imaginarme la situación como creo que habréis hecho vosotros y saber como actuaría. Si volvéis a leer u os acordáis de lo que decía el primer post que escribí no os debería sorprender que yo me inclinase por echar una ojeada al panfleto de instrucciones de emergencia o prestar atención al ruido de los motores.
La verdad es que también empiezo así porque es la manera más fácil para mi de crear cada pequeño relato de ésta historia que quién sabe si será interminable. Creo que es el intervalo de tiempo más largo que ha pasado entre un post y el siguiente. Pero, ¿ No será porque ésta es mi primera entrega oficial?
La primera demostración "de valía" de un universitario son los exámenes de enero. Y ahora entiendo por qué alguien decidió empezar a organizar fiestas después de estas fechas que son el Ramadán para cada una de las personas que intenta cumplir su objetivo.
Aún no he recibido más que un resultado y ha sido satisfactorio. Por lo tanto, no puedo contaros como se inclina la balanza.
Lo que si puedo hacer es daros mi opinión acerca de lo mal que me parece que se hagan exámenes de esta embergadura en un mes. Es cierto que no tenemos que ir a clase si no es a realizar cada control. No obstante, creo que es una "salvajada" esta manera de valorar a una persona para definitivamente acabar resumiendo todo el esfuerzo, las ganas, organización, dolores de cabeza, de espalda...en un aprobado o suspendido.
Una cosa es hacer una criba para ver la gente que vale y la que no Otra muy diferente es impedir que una persona pueda rendir al 100%. He visto personas mas organizadas que yo con cara de enfermos por no dormir o descansar lo suficiente.
Cada uno lo lleva como puede;
- Están los que tienen una facilidad asombrosa (que son los que menos) y les basta con repasar solo las dudas.
- Están los que no se concentran en casa y deciden ir a la biblioteca a estudiar.
- Están los que necesitan mucha concentración para estudiar y se ponen tapones en las orejas.
- Están los que estudian con música.
- Están los que toman café, redbull o té si tienen que trasnochar.
- Están los que cada vez que terminan de estudiar lo que se proponen hasta una cierta hora beben un sorbo de su botella de agua para calmar la ¿sed? o la ansiedad.
- Están los que necesitan estar moviéndose constantemente.
...
De lo que si me he dado cuenta ya desde el grado superior es de lo bien que he hecho toda mi vida trabajando un poquito cada día. Ahora que también los Reyes Magos me han equipado con tecnología podré organizarme mejor y quitar todos los Post.-it's del corcho de mi cuarto.
Y ahora, ¡ A seguir estudiando! (Vosotros y yo):
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