miércoles, 29 de mayo de 2013

Post_3: Después del gran día





Fue una mañana bastante tranquila para mi asombro. Esperaba estar tan nervioso como en otras situaciones similares donde el miedo a lo desconocido te bloquea y no deja ver lo mejor de ti. Sin embargo, todo fue pasito tras pasito.
 
El viaje en topo, tranquilo, en silencio y escuchando a Memphis Slim y Desmond Dekker. Uno pianista y cantante de blues, el otro un icono del reggae antes de la aparición de Bob Marley.

Lo siguiente fue pasear hasta la universidad y buscar el Salón de grados en el panel informativo. 

La universidad a la que voy no es nada especial en cuanto a estética ni materiales pero es muy intuitiva, espaciosa y luminosa. No encontré nada por lo que quejarme o pensar en mejorar. Al contrario, creo que había detalles bastante cuidados como un petril que permite que los alumnos se sienten en el pasillo o unas mesas de grupo colocadas en los espacios que menos pueden ser frecuentados por los estudiantes, con la intención de que se pueda estudiar en el propio pasillo.

En el Salón de grados los asientos eran como los del cine para que os hagáis una idea. Con una sistema muy bueno en la parte trasera de cada asiento que permitía desplegar una bandeja para tomar apuntes.

De la charla del director y la subdirectora me esperaba algo más, sinceramente. Pero algo que me sorprendió fue la claridad con la que el director opinó sobre algún tema. No obstante, algo que no me gustó demasiado fue la presentación Power Point; Texto innecesario, una presentación muy simple, sin el atractivo o nivel que debería mantener un centro de estos niveles que está galardonado con certificaciones de calidad y con fallos ortográficos.

Resumiendo, que aún no sé bien en qué grupo estoy porque hay gente que todavía se está matriculando y me dijeron cosas que ya sabía o que ya nos irán repitiendo los profesores. Pero aún así creo que por mi parte es un gesto que ha de hacerse simplemente por educación. Asistir a un recibimiento que nos hacen a nosotros.

La vuelta la hice con cuatro compañeros de los cuales conocía uno desde hace tres años.

Por la tarde, simplemente disfruté de un magnífico café que hizo Miriam para los dos, le arreglé el ordenador y fui a gozar de una cena y de una noche que pasé acompañado de mis amigos con motivo de las fiestas de Hondarribia.

La foto es de un atardecer en Donostia/ San Sebastián que hice con una camára compacta. Ahora que viajaré cada día hasta allí espero disfrutar de muchos como este.

Me despido de vosotros con Israelites de Desmond Dekker.






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